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Carmen Luz Bejarano

In memoriam Carmen Luz Bejarano

Timo–Juhani Kyllönen

Conocí a Carmen Luz en Lima cuando viajé por primera vez a Perú en 1978, de vacaciones de verano. Entonces, yo estudiaba dirección de orquesta, composición y acordeón clásico en Moscú. Nuestro primer encuentro fue cálido y rico en conversaciones sobre arte, música y poesía. Ella tenía una mirada muy dulce, sensible y profunda, y el encuentro con ella me dejó, como artista joven, una fuerte e inolvidable impresión. Allá conocí su maravillosa poesía que inmediatamente me cautivó. Hubo desde el primer momento una compenetración especial entre nosotros. Recuerdo cómo le impresionó escucharme interpretar música clásica con el acordeón (bayán). En aquel verano, ella me dedicó una bello poema: El Bayanista.

Dos o tres años más tarde en Moscú, cuando todavía estudiaba en el Instituto Musical Gnesin, leí su hermoso poemario Aracanto y, en él, Canción del retorno y de inmediato despertó en mí una gran necesidad de componer una canción con este poema. La melodía que escribí en aquel tiempo quedó esperando hasta que la retomé en 1984, cuando había ya estudiado dos años de composición como materia principal en el Conservatorio Tchaikovsky. Compuse mi primera obra para coro. Fue muy natural –pues la poesía de Carmen Luz despertó en mí encanto– elegir para las primeras obras vocales poemas de Carmen Luz Bejarano. Nació mi Ciclo para coro mixto op. 5 (1984), en tres partes, con poemas del libro Aracanto. La temática es dramática, filosófica, profunda –simbolismo de la vida y la muerte. La primera parte se titula Fuga, la segunda Canción del retorno y la tercera parte Alfarero. No sabíamos que este ciclo iba a ser grabado para discos (en cinco versiones diferentes) y cantado en innumerables conciertos por varios coros mixtos del mundo, de Japón, Finlandia, Estados Unidos, entre otros. El coro Mississippi University Choir ganó con esta obra coral el Primer Premio en el Concurso Internacional “El Gran Premio Corale” en Milán, en el año 1999.

Carmen Luz celebraba que su poesía y mi música se unieran en vuelo –cual nubes– por el mundo en salas de concierto, o para adquirir vida en la radio o la televisión. El mismo destino ha tenido la segunda obra que compuse con su poesía al año siguiente, 1985, el Ciclo de dos canciones op. .6 para soprano y piano –la primera parte, Canción de Otoño y la segunda, Canción del Olvido. La poesía de Carmen Luz es música. “Se han olvidado del agua / y el agua canta su lágrima”; enamorarse de un verso y la música nace de su poesía. Los temas que ella trata pulsan las cuerdas de mi corazón, y así, dos mundos poéticos se encuentran en estas canciones.

Cuando supe en el año 2000 que Carmen Luz moriría de cáncer sentí la premura, como artista y amigo, de darle mi apoyo, de transmitirle mi infinita ternura, de darle mi amor. ¡Se enfrentaba con tan difícil enfermedad en su lucha contra la muerte! En el verano de 2001, en la tranquilidad de las noches luminosas de Finlandia, pensaba en ella, y de ese sentimiento nació Meditación a Carmen Luz, para flauta y violoncello op. 61. Aprendí a tocar quena durante mis viajes a Perú, y por eso la flauta despertaba en mí memorias intensas vividas con ella en Perú. El violoncello es de una sonoridad filosófica, de gran calor y profundidad –así era ella. Su nombre en latín nos habla de Poesía y Luz. Ahora, después de un año de su partida, entiendo por qué en el subconsciente iba cobrando vida una obra para dos instrumentos que refleja su nombre y, simbólicamente, talla en el tiempo la memoria de Carmen Luz, la gran escritora, la amada poeta peruana.

Soy muy feliz de haberla tenido como amiga cercana, y soy consciente del privilegio que tuve –como compositor, como artista– al conocerla y poder trabajar con ella viva y hermosa como su poesía. Extraño la risa alegre y amorosa de Carmen Luz. Siempre una artista, de finísima sensibilidad, humilde como el pan y las estrellas, y plena de amor, de ese amor que quería darse al mundo entero.Tu poesía, tu arte viven entre nosotros y para siempre, Carmen Luz.

Espoo 21.8.2003

[Nota de los editores. El bayán, palabra de origen ruso, es un tipo de acordeón a botones especial para música de concierto. Los botones de la mano izquierda están organizados de tal modo, que permiten ejecutar la escala cromática de doce sonidos, y no un acorde ya listo, como en los acordeones tradicionales.]