Una mujer increíble
Carmen Núñez
Carmen Luz Bejarano, para m uchos una mujer inigualable, una escritora excelente. Para mí, por cierto, mi madre, pero sobre todo una mujer increíble –una mezcla que con mis treinta y nueve años no acabé de conocer– capaz de conseguir todo lo que quería con su fortaleza. Lo único que la pudo vencer después de una larga lucha fue la muerte. Hubo momentos en que yo creí que ni eso iba a poder con ella. Por otro lado, era tan niña e indefensa a veces, y se caracterizaba por una gran timidez contradictoria con su fortaleza. Para poder explicar un poco mejor todo este comportamiento tan único, bastarán dos anécdotas que jamás olvidaré.
Cuando mi abuelita, su madre, murió y le realizaron la misa del mes, como pasaban los días, y había que llamar a las personas para la misa, yo le recordé. Su primera respuesta fue, “quien recuerde irá”. Le expliqué que se debía invitar; en realidad, no sé si fue un buen consejo. Comenzó a llamar, pero, en su estilo, le insistía tanto a la gente que no se preocupara, que entenderíamos si no venían, que sabíamos que cada quien tiene cosas que hacer, que era un día un poco complicado, que la verdad es que si yo hubiera estado al otro lado del teléfono hubiera creído que me estaban tratando de decir que no vaya.
Cuando regresé de Finlandia, un día me comenta que iba a invitar a su amiga Esther Castañeda, por la tarde, y yo le preparé un enrollado de jamón y lechuga y un pastel de manzana para que le invitara, ya que eran los preferidos de mami. Apurada los preparé, porque tenía que salir. Cuando regresé, abro el refrigerador y encuentro completitos los dos pasteles, le pregunto a mi mami, ¿no vino Esther? y me contestó, “sí, si vino”. Quise saber por qué no sirvió los pasteles y me respondió:“le pregunté a Esther qué deseaba servirse y me dijo: «agua, gracias»”.
— Mami, ¿habías puesto los pasteles a la mesa?
— No, me respondió.
— Mami, qué esperabas, ¿que Esther adivinara que tenías un enrollado de jamón y lechuga, y un pastel de manzana?
En fin, supongo que con estas anécdotas, puedo compartir una partecita de Carmen Luz que, probablemente, no conocían o por lo menos no todos.
Para terminar, recuerdo, que cuando yo era muy pequeña un día escuché en casa a un amigo de la familia que mi madre era una gran poetisa y yo llorando dije: “NO, ella no es poetisa, es BONITA.”
Después de muchos años sólo me queda decir que es y será una gran poetisa, pero para mí lo que más resaltará es la belleza y fortaleza que la caracterizaban, que nos enseñó en todo momento a salir adelante. Un ejemplo como mujer y madre.
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