Encuentro con Carmen Luz Bejarano — Existencia en poesía 1
Juan de la Fuente
LA PUBLICACIÓN DE LOS POEMAS COMPLETOS DE CARMEN LUZ BEJARANO HA SUSCITADO UNA SERIE DE HOMENAJES A UNA AUTORA, CUYA OBRA ES CAPITAL EN EL ÁMBITO DE LA POESÍA PERUANA
Carmen Luz Bejarano no tiene edad. Se pasea de un lado a otro del tiempo, como si pasado, presente y futuro fueran sólo juegos inventados por la vida. Y es que esta poeta, nacida en Acarí (Arequipa) en 1933, es esencial como un haiku. No se ubica en una sola época y por eso mismo las recorre todas. Coge el instante fugaz, lo retrata y al hacerlo escribe las palabras que pronunciaremos mañana o que quizá, sin darnos cuenta, ya hemos pronunciado ayer.
“Siempre tomé en serio mis poemas, siempre creí en ellos. Cuando era pequeña, solía sentarme a la puerta de nuestra casa en Tanaka, un balneario ubicado en Yauca (Arequipa) y me ponía a conversar con alguien que no existía, que no estaba, pero que de una manera u otra me permitían crear mis propios textos. Hiciera lo que hiciese estaba creando, problemas que tenían que ver más con la literatura más que con la realidad”, confiesa con franqueza la poeta, quien desde 1961, fecha en que publicó “Abril y lejanía”, su primer libro que felizmente sobrevivió a muchos otros destruidos por ella, no ha dejado de trabajar la palabra con un rigor sagrado, patente en todas sus obras.
Luego de ese libro vendrían Giramor (1961), Aracanto (1966), Del amor y otros asuntos (1984) y La Dama del Sosiego (1991), entre otros, en los cuales siempre mantuvo la misma firmeza y terquedad en el cuidado del lenguaje. “N i siquiera en los momentos más difíciles de la vida he dejado de contemplar el poema. Un poema no es la expresión de un dolor, de sentimientos, sino expresar todo eso a través de una calidad poética. Es decir, el verso limpio de toda cosa estentórea. Sin embargo, en los momentos más difíciles yo no voy a escribir poesía. Entonces quizás se produce la elaboración interna, tal vez el alambique interior va procesando el poema, que aparecerá años después o días después, cuando el grito sea lo que yo quiero realmente que sea”.
Tras cuarenta años de escritura permanente, esta mujer que ama los atardeceres más que la luz del mediodía –porque aquellos le permiten “ver un paisaje con diferentes tonalidades, cuando éste adquiere una forma distinta instante a instante”–, siente que sus poemas iniciales no han envejecido. “El primer poema de mi primer libro no lo considero fuera de lugar ni de tiempo. No sé si eso está bien o mal, simplemente es así. A veces pienso que podría corregir mis antiguos textos, pero eso sería traicionar lo que significaron en el momento en que fueron escritos, porque la poesía debe ser fiel con ese instante irrepetible que es la propia escritura”.
Carmen Luz dice que poco antes de que se publicara Existencia en poesía, el título que reúne sus poemas completos, hizo una exclamación: “¡Qué bueno debe ser amanecer sin inéditos!”. Sin embargo, en estos momentos, ya tiene inéditos un poemario, El jardín de la delicia y acaba de terminar una nouvelle, La ruta del ciprés.
La poeta no puede con su amor, su pasión por la escritura, que es lo que la lleva a escribir, incluso, más allá de su propia decisión, porque es inherente a ella: “ Escribo poesía porque es lo único que sé hacer. Lo hago en cualquier circunstancia, incluso frente al dolor. Si yo no tengo ningún reparo en respirar cuando a mi alrededor alguien muere y tampoco tengo reparo en comer un trozo de pan, por qué tendría que dejar de hacerlo”, afirma Carmen Luz, y seguramente en ese mismo instante está ya preparando interiormente el poema que escribirá después.
1 Artículo publicado en El Comercio XXXXX. Está basado en una entrevista que el autor hiciera a Carmen Luz Bejarano en 2001.
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