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De pérdidas y contentamientos

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Copyright © 2006 Alfonso Padilla y Maritza Núñez

Carmen Luz Bejarano

Maritza Núñez

Tres historias porteñas 1
Claroscuro en tres tiempos

a Carmen Luz

 

Personajes

NICOLE esposa de Bruno, madre de Marie. Su apodo es La Flaca.
BRUNO volatinero, esposo de Nicole, padre de Marie.
AMALIA actriz, esposa de Marcelo.
MARCELO médico, esposo de Amalia.

El espacio habitado por los personajes es el de la memoria, en la cual se dejan sentir las huellas de una dictadura. Nicole aparece en Volatineros de 23 años, como la recuerdan los otros personajes, que ya han envejecido y que pueden trasgredir aquel límite sutil, que separa la vida de la muerte.

Volatineros

(BRUNO ha oído algo. Se precipita hacia la calle.Después de unos instantes vuelve a la habitación. Hay un papel colgado en la pared. En éste hay dibujadas rayitas. Muestran que se está llevando la cuenta de algo. BRUNO se acerca para contarlas.Luego busca en un baúl. Saca un velo de novia.Aparece NICOLE.)

NICOLE.—Je t’aime, je t’aime, París...
¡Mi velo!
Ven, Bruno. Caminemos las nubes...
(Bailan un vals francés hasta que NICOLE se escabulle de los brazos de él.)
Quería casarme en París, junto al Sena, ¿recuerdas?

BRUNO.— Y cuando prometí que lo haríamos, lloraste.

NICOLE.— Soy así.

BRUNO.— Sabías que no llegaríamos a París.

NICOLE.— (juega con el velo) El velo es para Marie. Ella no llevará este vacío infinito, aquí, (tocándose el vientre) como un abismo, como un barranco, como un cielo que se abre sin fin, aquí... Luego, vienen las lágrimas, frívolas porque desconocen su origen. ¿Verdad que soy una boba?

BRUNO.— Sueña Marie con ir a París, como tú.
Cuando nos dejaste, yo le contaba a Marie que su madre estaba allá... (Evocando el diálogo con Marie.) “¿En el cielo?”.
En las nubes. A mamá le gusta bailar con las nubes.
“Ah”, susurraba en una sonrisa, y se dormía más tranquila.

(AMALIA y MARCELO atraviesan el escenario bailando un vals.)

MARCELO.— ¡Esa Flaca! Morocha, con ese traje rojo, el sombrerito aquel y boquilla...

AMALIA.— ... “unfume-cigarette”, corregía ella.

MARCELO.— ... de laca roja, ¿te acuerdas?

AMALIA.— Me parece verla, fumando con aire soñador.

MARCELO.— ¡Y qué trompo cuando bailaba!

BRUNO.— (a NICOLE) En cualquier momento llegará Marie y le cantaré una nana para arrullarla. Aunque ya es una mujer, me dejará que le cante. Porque Marie es como tú. Y a ti te hubiera gustado que te arrullen. Vendrá cansada. Verás, Buenos Aires ya no es como antes. Pasan cosas raras y..., y uno la pasa desvelado, atento a cualquier ruido.
Dejaré luz en su cuarto. Quizás mañana esté aquí.

(BRUNO se levanta y dibuja una rayita en el papel. AMALIA y MARCELO se han sentado. Permanecen en silencio con la mirada perdida en el recuerdo.)

MARCELO.— ¿Te acuerdas cómo nos conocimos?

AMALIA.— Esa noche actuaba el circo y tú me invitaste.

MARCELO.— (imitándola) No me gusta el circo. Me pone triste.

AMALIA.— ¡Bruno! (AMALIA va a buscar un libro, lo abre y saca de éste un trébol seco.) ¿Te acuerdas? (Divertida imita a BRUNO.) Es de cuatro hojas. Tómalo que con Marcelo lo vas a necesitar más que yo.

MARCELO.— Bruno... Siempre con sus salidas. ¡Qué bien la pasábamos con Bruno!

AMALIA.— (emocionada) ¡El Gran Bruno!

BRUNO.— ¿Te acuerdas de mi abuelo, Amalia? Claro que te acuerdas porque te lo he contado...

AMALIA.— ...miles de veces.

BRUNO.— Porque mi abuelo, Amalia, se subió a un barco, así de aventurero que era, como buen andaluz, y lo dejó todo. ¿Tú te das cuenta? Todo. Y se vino para acá. Desde tan lejos. Sí, así era mi abuelo. El abuelo me enseñó los trucos del circo. El abuelo hizo de mí...

MARCELO.— (con nostalgia, para sí ) ¡El Gran Bruno!

BRUNO.— Yo era así de pequeño, mira, Amalia, así, así de pequeño. Y el abuelo me llevaba a la plaza del pueblo y ahí amarraba una cuerda, sin más ni más, y yo me subía a ella. Orgulloso, porque el abuelo me había elegido a mí. De todos los nietos, a mí. Y el abuelo se divertía, y yo...no podía desilusionar al abuelo. A veces, pienso que si los hubiera elegido a ellos...

AMALIA.— Si los hubiera elegido a ellos, ¿qué?

BRUNO.— Nada, una pavada. Que si los hubiera elegido a ellos (señalándose el estómago ) yo no habría tenido esa cosita aquí. (BRUNO le alcanza un trébol.) Toma, Amalia. Tómalo que lo vas a necesitar.

MARCELO.— (a AMALIA) ¡Qué gran tipo Bruno! Y La Flaca, ¿te acuerdas?

AMALIA.— ¡Nicole!

MARCELO.— Con ese traje rojo, el sombrerito aquel y...

AMALIA.— ¡un fume-cigarette!

MARCELO.— Me parece verla, fumando con aire soñador.Un poema La Flaca.

BRUNO.— ¡Y me dejó! (a AMALIA) Si tú y Marcelo no hubieran estado cerca me habría vuelto loco. Con Marie tan pequeña. Si yo, yo ni sabía cambiar un pañal.
Los ojos de mi Marie…, profundos como los de su madre.
A veces pienso, que debí decirle la verdad a Marie. Decirle que su madre vive, quién sabe si en París. Pero Nicole, me pidió que si alguna vez ella se marchaba, le dijera a Marie que su madre había muerto. Yo, respeté su deseo.
Ah, Nicole. Nunca le guardé rencor, ¿sabes? Al contrario, me gusta imaginarla libre de esa cosita, de ese vacío que yo no supe llenar.
Y ahora que Marie no está... Ella no lo sabrá nunca, mejor así. Que sueñe con su hija, con su Marie.

NICOLE.— (canta)
Caminemos las nubes
ma petite Marie

Un arlequín nos guiará
por la fète du feu

AMALIA.— Bruno, ven, demos una caminata, como las noches en que me pedías...

BRUNO.— Amalia, ven a dar un paseo bajo la lluvia.

AMALIA.— Y tú caminabas y me hablabas de...

BRUNO.— (que empieza a instalar una cuerda floja ) ...mi mujer...

AMALIA.— ... de Nicole, sí, y de Marie...

BRUNO.— Cuando Nicole me dejó, y la gente estaba ahí, en el circo, con el alma en vilo, y yo, yo avanzaba hacia la cuerda... pensaba en... en...

AMALIA.— ¿En quién?

BRUNO.— ...en... una mujer. Un amor imaginario, y avanzaba, y los chicos contentos. Y los aplausos. Y el público que suspiraba aliviado. Pero ahora que me voy poniendo viejo siento una cosita aquí, (posa su mano a la altura del estómago) Una cosita aquí, ¿me entiendes ?

AMALIA.— Claro que te entiendo.

BRUNO.— Sabía que lo ibas a entender. (BRUNO se entretiene en jugar con la cuerda.)
Amalia, ven, mañana. Ven mañana al circo. Porque, ¿sabes?, ahora que Marie no está... y yo estoy más viejo... ¿Vendrás?

AMALIA.— Iré, Bruno. Iré a verte.

BRUNO.— Amalia..., pasan cosas raras, y uno la pasa desvelado. Somos muchos los que esperamos, como yo a Marie.

(Canta.)
A la nanita, nana,
mi niña duerme,
un sueño sueña.

A la nanita, nana,
sueñas, mi niña,
que yo te sueño.

No la despiertes, luna,
deja que sueñe
que yo la sueño.

Sueño que me he dormido
para soñarla, para acunarla.

No la alumbren estrellas
ni sol, ni luna.
Son tan leves sus sueños,
despertaría mi niña bella.

Sueña que está dormida
y yo la sueño.
Soñémonos, mi niña,
en este sueño.

Se la llevó el río
en un cisne negro.
Sus cabellos brillaban
bajo este velo.

El amor le decía:
duérmete, niña.
La muerte es breve sueño,
y el sueño, vida.
No llores, niña.

 

Soliloquio
sobre olvidos y memorias

MARCELO.— (a AMALIA) Debió dejar el circo...

BRUNO.— Marcelo con su cantaleta de que deje el circo. Pero ¿cómo se le ocurre que voy a dejarlo?

AMALIA.— (a MARCELO) ¿Por qué no me lo dijiste?

MARCELO.— Porque me negaba a creerlo. Hasta que esa tarde, salí del consultorio a recogerte para ir al circo. Iba por la Avenida de Mayo cuando divisé el auto. El mismo que me había seguido antes. Dos días que me seguían. Hice todo para esquivarlos y volver al consultorio. Pero me cerraron el paso.

AMALIA.— (a MARCELO) Te busqué y no estabas. Bruno me esperaba aquella noche y yo buscándote. Hasta que tomé un taxi, para ir al circo.

BRUNO.— ¡Amalia! (BRUNO se prepara para cruzar la cuerda.)

AMALIA.— Estoy aquí, Bruno.

MARCELO.— (A BRUNO) No subas... (BRUNO se sube a la cuerda.)

AMALIA.— (a BRUNO) Espera, quiero decirte algo.

BRUNO.— (a AMALIA) Me habías prometido venir. Te busqué. Y esta cosita aquí, como un vacío, como un barranco, como un cielo que se abre sin fin. Te busqué entre la gente y entonces...

AMALIA y MARCELO.— (al mismo tiempo que BRUNO cae de la cuerda) ¡Bruno!

(Blackout.)

AMALIA.— (Después de un largo silencio a BRUNO) Pensé que sería como con Marie. Pero una noche lo arrojaron al jardín. No quiso que lo llevara al hospital.

MARCELO.— (a AMALIA) Ya nadie podía hacer nada por mí. Mira que soy médico, no me discutas. Y en casa, me sentía más seguro, a tu lado se esfumaba este bichito, este bichito, (tocándose la barriga) aquí, como un vacío.

AMALIA.— (a MARCELO) Podíamos habernos ido.

MARCELO.— ¿Y Bruno? ¿Y nuestros muertos y nuestras callecitas de toda la vida?

AMALIA.— Bruno se hubiera ido con nosotros.

MARCELO.— ¿Adónde íbamos a ir?

AMALIA.— (Después de una larga pausa, a BRUNO) Te quería Marcelo.
¿Sabes que a Marcelo sí le gustaba la lluvia? Me enteré una noche. Era muy tarde y llovía a cántaros y...

MARCELO.— Ven, Amalia, vamos a soñar bajo la lluvia.

AMALIA.— Salimos y se puso a jugar como un chiquilín.

BRUNO.— ¡Qué tipo Marcelo! Un hermano para mí.

 

Ritornello

MARCELO.— ¡Que viva la fiesta!

AMALIA.— ¿Estás loco? Despertarás a todo el mundo.

MARCELO.— ¿Y qué? Sería maravilloso que el mundo despierte feliz y con ganas de reír.
Hoy cumplimos cincuenta años de casados. ¡Nuestras bodas de oro!

AMALIA.— No lo olvidaste.

MARCELO.— Yo siempre tan volado. Y tú te resentías conmigo porque Bruno me sacaba del apuro comprando algo, algún regalo, “para Amalia, Marcelo, que es vuestro aniversario”.

AMALIA.— Y yo me hacía la que no me daba cuenta. Pero hoy no lo olvidaste.

MARCELO.— (la invita a bailar) Ven a milonguear, vieja.

AMALIA.— Mira cómo estoy, deja que me cambie.

MARCELO.— Ven.

AMALIA.— Ahora sí que se me notan los años.

MARCELO.— Pero qué dices. La vejez no existe, Amalia. El alma no envejece, el amor no envejece, la vida no envejece.
Amalia ¿te acuerdas de aquella mañana que me encontraste encerrado en nuestra habitación? Y tú tocando y yo que no abría. ¿Sabes por qué no te abría? Porque cuando te sentí salir de la casa me desnudé, frente al espejo. Y me eché a llorar como un loco. Lloraba porque el tiempo nos cambia todo. La piel tiene un color distinto, hasta un olor distinto.

AMALIA.— Y te sientes impotente, y te sientes una caricatura de ti mismo.

MARCELO.— ¿A ti también te pasan esas ideas por la cabeza?

AMALIA.— Y también cierro la puerta, porque me da vergüenza que me veas desnuda, y...

MARCELO.— ... y al mismo tiempo el deseo que a veces es tan intenso, quién sabe si más intenso que antes.
¡Estamos vivos! Vivos para el amor, Amalia.
Ven a milonguear, ven. (Bailan.)

AMALIA.— Tenía miedo de que lo olvidaras. (Nostálgica.) Marcelo...

MARCELO.— Eso sí que no. No te pongas triste, que estamos celebrando nuestras bodas de oro. (Dejan de bailar.)
¡Qué bien la pasábamos con Bruno! ¿Te acuerdas?

BRUNO.— ...sin red, sin nada que lo proteja...

AMALIA, MARCELO.— (divertidos) ¡El Gran Bruno!

AMALIA.— (A MARCELO) ¿Por qué nunca me dijiste que te gustaba la lluvia?

MARCELO.— Porque Bruno estaba muy solo, y tú eras la única que podía ayudarlo.

AMALIA.— (A MARCELO) ¿Tú crees que Bruno me...

(MARCELO la abraza con ternura.)

MARCELO.— ... amaba...?

AMALIA.— (conmovida) Marcelo...

MARCELO.— (juguetón) Y bueno, ¿qué le vamos a hacer? Son cosas que ocurren.

(BRUNO sube a la cuerda floja.)

AMALIA y MARCELO.— ¡Bruno!

BRUNO.— Amalia, mira está lloviendo. Ven, Amalia. Y tú, Marcelo.

AMALIA.— ¡Marcelo!

MARCELO.— Tú sabes que no me gusta la lluvia.

(AMALIA y BRUNO se suben a la cuerda. Empieza a llover sobre ellos que ríen divertidos. MARCELO los contempla con ternura.)

MARCELO.— Como un hermano. ¡Cómo nos divertíamos con Bruno!

(AMALIA y BRUNO juegan con alegría. La lluvia cae ahora en todo el escenario. MARCELO va perdiéndose en la oscuridad. AMALIA y BRUNO van sumergiéndose en la penumbra hasta que sólo queda una suave caída de lluvia.)

 

Suel, 2002

1 Tres historias porteñas es la tercera pieza de la obra Buenos Aires hora niente. La primera es Tango solo y la segunda, Ertwartung. Sin embargo, cada pieza puede ser representada de manera independiente. Los derechos de autor de esta obra están protegidos por la Unión de Dramaturgos de Finlandia, Vironkatu 12 B 13, 00170 Helsinki, Finlandia.