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Carmen Luz Bejarano

Existencia en poesía

Manuel Velázquez Rojas

 

 

La belleza es simplemente un decir de palabras que palpitan, porque atesoran vida. Una vida que escapa al tictac del reloj y de las urgentes presiones cotidianas. Una vida que sólo existe en el universo del arte; únicamente allí podemos encontrar los límites del infinito. A este bello decir, llamamos poesía. Acto, complejo y difícil, que se origina en la profunda luz individual, y que al ser expresado ilumina y conmueve la conciencia de los demás. Los versos alcanzan su plenitud, cuando se comparten. Por ello la publicación de los poemarios es necesaria. Pero, cuando el poeta posee ya una trayectoria y desea entregar su mensaje total dispone de la siguiente alternativa: o escoge sus poemas y edita su propia antología individual, o reúne todos sus poemarios en un libro. Esta segunda opción ofrece, a los lectores y a los críticos, la oportunidad de contemplar y auscultar todo el sistema de significaciones que el poeta ha elaborado en su imaginario. Carmen Luz Bejarano, poeta peruana, ha elegido esta segunda modalidad. Su libro se titula: Existencia en Poesía, recoge todos sus poemarios y algunos textos inéditos. Un libro donde se revelan cuarenta años de dedicación plena a la creación poética, desde su primera plaqueta Abril y lejanía, impresa en la minerva de Javier Sologuren, en 1961, hasta su poemario acerado ya a la vez tembloroso titulado Juegos deCasandra, fechado en 1999; los textos inéditos 1 recorren nuestros actuales días.

Carmen Luz Bejarano pertenece a la generación del 60, y por consiguiente se sintió impactada por los acontecimientos culturales y políticos de la década. Y así es amiga de Javier Heraud. En la antología Como una espada en el aire de Oscar Araujo León (quien selecciona los poemas de quince miembros de la citada generación), se presenta en la sección “Memoria de la imagen” una foto de Carmen Luz, con Javier. Una instantánea que revela dos temperamentos y dos destinos. Alto, casi corpulento, con polo blanco, con sus inmensos zapatos, y ya la tristeza en sus ojos, Javier con su brazo rodea a Carmen Luz, quien con su traje de flores y su sonrisa profunda, es la encarnación de la amistad compartida. Los une, como poetas su predilección por la estación del otoño. Javier, en uno de sus versos dice: “cubierto por / las hojas del amor y / del otoño “, y Carmen Luz afirma: “ Canción de Otoño / das forma / a la tristeza.”

Considero un acierto la nominación Existencia en poesía, porque se revela el compromiso permanente de Carmen Luz con la creación. Vale decir “existencia”, involucra tanto el “ser” como el “estar” de un individuo, y la necesidad de expresar estas dos situaciones provoca la poesía. Además, esta partición de dos verbos para nombrar lo esencial, y lo contingente, sólo se da en el idioma castellano. Por ello, Carmen Luz une, maravillosamente, los temas profundos de la tradición castellana (nostalgia de la infancia, canciones de amor, poemas para niños, asedio de la madurez social, reflexiones sobre la muerte, el destino del ser humano) con la presencia viva de un acontecer peruanísimo. De fraseo sobrio, con un lenguaje bello porque cada palabra está escogida con la precisión de un artífice, los versos –de Carmen Luz– nos atraen por su sonoridad rica en matices y por su natural forma de capturar ambientes y paisajes. Vinculada a los círculos culturales de Finlandia, Carmen Luz entregó su novela inédita El Cuarto de los Trebejos al escritor y traductor Matti Rossi, quien entusiasmado le envió una misiva en la que, además de felicitarla por su prosa le dice: “El deber del escritor es crear para que exista lo que ve y siente. Usted cumple con ese deber fundamental. La gente vive el paisaje. Leyendo su texto estoy envuelto en una neblina y fresca de cerro, mar, aromas, sol y polvo. Esto no es una novela. Es un ambiente.”

En 1972 solicité un texto a Carmen Luz, para la serie “La flor de la cantuta”, que ya había publicado siete breves poemarios. La edición correspondía a la Universidad Nacional de Educación. La poeta me dio el manuscrito de Juan Angurria, un personaje extraído de la vida real y captado a través de versos que denuncian su pobreza, sus iniquidades, alegrías y esperanzas. Fatalmente, la crítica no ha reparado en su propuesta originalísima. Sí es un poema social, pero pocas veces he leído un texto de mayor elaboración con su lenguaje. Sí, es un poema social, pero no es épico sino lírico. Las palabras se estremecen, y nosotros con ellas, al relatar la miseria humana. Un gran logro poético de Carmen Luz. Me atreví, y lo digo con emoción al recordarlo, a realizar una ilustración que acompañara su texto. Una ilustración donde se observa a una madre sufriente, a un padre iracundo, y a un hijo con alas de paloma para volar hacia el ideal. Recuerdo, asimismo, que con Carmen Luz y Willy Pinto sosteníamos pláticas animosas, después de dictar nuestras respectivas clases en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos.

Ahora que hemos terminado de leer Existencia en poesía, puedo afirmar que Carmen Luz se inscribe como una gran poeta en la línea de Magda Portal y Blanca Varela. Con su luz propia y su voz individual. Sus versos, para una lectura sosegada, develan esencias y circunstancias de una trayectoria que ha sabido ser fiel a sus principios estéticos y por lo mismo, es testimonio de vida e historia. Sus versos han vencido al tiempo, es decir, permanecerán entre nosotros, vivos, palpitantes, bellos.

 

1 Nota de los editores. Después de Existencia en poesía Carmen Luz Bejarano publicó varias obras; el único texto inédito se llama La apuesta, que es un libreto para ópera. Para más detalles véase el artículo de este libro “Carmen Lus Bejarano (1933–2002) — A modo de biografía”.