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Carmen Luz Bejarano

El largo viaje a través de la poesía - Constantes temáticas en la poesía de Carmen Luz Bejarano

María Luisa Roel Mendizábal

Soy espejo
donde quedó
tu sombra.
Abril
vibrando
entre
mis manos.

Tarde
que pasas
estremeciendo
las luces
de mi tarde:
vuélveme
diciembre
la mañana.

Devuélveme
el instante
en que no hubo
más palabras
que el silencio,

aquél
en que abril
fue lejanía

y más abril
que ahora.

Con estos versos se abre el quehacer poético de Carmen Luz Bejarano en su Libro Abril y Lejanía, publicado en 1961.

Desde las primeras líneas advertimos la ternura, el lirismo, “el azul profundo, el río profundo de belleza” que Magda Portal destacara en 1981, en la ponencia que sentó en el 4to. Congreso Interamericano de Escritoras, México, sobre la obra de Carmen Luz Bejarano. Lirismo delicado y nostálgico en el que sentimos la presencia lejana y evocadora de voces sentidas como García Lorca o Valdelomar. Este “azul profundo” no sólo sería producto de la necesidad, inherente a todos los creadores, de ver el mundo a través de otra óptica, de un ángulo. Abril, la mar (al decir de los españoles), las barquillas, el tiempo son los temas constantes de este poemario. Luego de su libro inicial vendrían una decena de otros trabajos. Toda su obra poética se ha reunido en una edición bien lograda realizada por Carpe Diem Editora en Octubre del año 2000 Titulada Existencia en poesía. 1 En esta edición se incluyen canciones musicalizadas en Finlandia y poemas sueltos como Juan Angurria e Imagen Sideral.

Desde sus primeros trabajos poéticos notamos en Carmen Luz a una poeta no convencional. Tradicionalmente las primeras motivaciones que orientan el trabajo creativo se refieren a la temática amorosa. La añoranza de la infancia, el mar con sus gaviotas y barquillas destacan en sus primeros trabajos, frecuentemente enlazados a una imagen de ternura triste, de nostálgica imagen que recuerdan mucho la “infancia triste y sola” de Valdelomar:

Barquillas
de papel:
visión lejana
de los atardeceres.
Mis manos
en la sombra
se tornan barcarolas.
Sueños de ayer
y de hoy,
flores de sal
y canto,
nostalgia del amor
sobre mi corazón.

Un universo lírico donde el mar adquiere notas de diversa textura con un claro predominio de lo lejano e infinito, de lo misterioso e insondable:

Cómo se curva el aire
¡Y cómo se hace añicos
la mañana!

Pregunto por el gato
de los náufragos
y el “nunca más” reposa
en la sima del océano.

Es un mar que nace en los sueños de la infancia que van marcando la vida de la poeta. Pero también el mar se vincula a la muerte ya que la vida es concebida como un devenir que se asemeja al mar, a las olas del mar, un mar abrazado a la tristeza y el penar como imágenes que se fijan en el iris.

¿Escuchas?
Es la muerte que pasa
y el mar que se deshace
en jadeos de espuma.

El amor es otro tema recurrente. En la poesía de Carmen Luz pasa por etapas de madurez que no sólo se perciben en la evolución de su poesía sino, principalmente, en el libro Del amor y otros asuntos.“Ya no alisan tus manos el correr de las horas” nos dirá en sus primeros versos en un amor tierno y suave que se volverá más carnal y erótico hasta llegar a la desnudez absoluta: “Viajaré por tu cuerpo. Amaré lo que amas / me detendré en un instante desandando el / tiempo.” “Mírame. Desnuda de belleza. Tócame, seré transparente. Metamorfosis. Procreación de la caricia. Así también emerges amante transmutado.” Un amor que podemos denominar real en tanto que no sólo se percibe la esencia de un amor armonioso sino también uno desarmónico que a veces cae en notas de desencanto: “Aún si a ti me regresan las huidas ./ Soy el paisaje desolado donde el amor se desencanta.” Terminará cantando al amor, al triunfo del amor:

Entre frágiles columnas
desramado telarañas
y al resplandor de tu ternura
olvidé tu ausencia.
Cuanto anduve
Más ligera que el vuelo
Sólo
Para besar tu rostro.

Es un amor que sobrepasa el tiempo, es una estructura organizada, una sucesión de etapas, una síntesis madura de finos contrastes. La experiencia amorosa que culmina con la renovación del amor:

Pero amanecí bajo la lluvia
de tu cuerpo
y ya no tuve miedo.
Mi pie se enreda a lejanías
A nubes más lejanas.
A tí se enreda mi piel
guirnalda ardiente
y vamos navegando
cielo arriba.

La infancia, el mundo infantil, los niños, no podían estar ausentes en este libro y nos recuerdan la obra de grandes autores como Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou. “Pequeña / de los hondos silencios, / en ti nace el alba.” “Tengo tu edad, Maritza; / Tu breve edad de brisa.” La dulzura de la infancia proyectada como una ronda de sí misma, en un mundo inefable, pero también en una realidad que se alcanza a sí misma.

Niño de luna y árbol
voz de pájaro y acequia.

pie ligero, ala sonora
niño de luna y árbol

¡árbol de maravilla!

Con Pentagramas ebriostenemos la poesía de la infancia con los siempre presentes juegos de palabras:

Ramona ramoneando
en la capa de un árbol
se sentó a contemplar azahares que la luna
sembrada en el sauzal.

Y en Tambor de luna:

Marín Marinero por la mar
en sus gráciles barcos
de papel
o acodados en las hojas
de aquel árbol
que tiene
el anhelo de mar
alejándose va
de la tierra sin fin.

Y aún el viento modela
para surcos del agua.

No son ajenos los temas didácticos como las que aparecen en este poemario: “Serás sabio / si calzas / sandalias de nube / para andar / sobre el césped.”

No es frecuente encontrar el tema de la muerte en la poesía peruana. En Carmen Luz la muerte es una constante:

Morir es dulce.
Como el viento
cruzaré las manos:
alas dormidas,
en la agonía
de la tarde.

Pero es una muerte vinculada a la naturaleza, no se presenta como una muerte física. La presencia de la muerte no aparece como un problema existencial. Es una muerte nostálgica que se relaciona a la naturaleza: “Los ojos de los muertos / espejos olvidados / donde se quiebra a pausas / el viento y el sonido.” Es también la muerte de los seres queridos. En La Dama del Sosiego la muerte es vista con ojos de madurez, es la presencia reflexiva y serena de quien ve la muerte como un hecho inevitable que no produce horror:

Se troncharán mis días en un espasmo breve
la plenitud que soñara será no ser tan sólo.
Nada habrá más hermoso ni lo hermoso vivido.
Sólo el hijo aguardando en exacta medida.

Casi pareciera que se trata de la Hermana Muerte de San Francisco:

Desfloras los cuerpos a tu paso
ajena al improperio y al dolor.
Distraer eternidad en forma tal
Ha de saberle mal a la guadaña.

Es el sosiego que dan los años y que permiten ver el mundo con la tranquilidad de aceptar lo que ocurre sin pesadumbre ni miedo.

El tiempo también aparece en los versos de Carmen Luz, pero es un tiempo escurridizo, que se escapa pero que queda en el tiempo mismo. Junto al tiempo se trabajan otras perspectivas temáticas pero muy brevemente, como la animadversión hacia la modernidad que destruye al hombre, la oralidad (Juan Sante), el cinismo de vivir, la reflexión existencial, temas bíblicos y ecológicos. En El espejo invertido es un poco el cansancio de vivir, a la manera que lo hace Neruda en Residencia en la Tierra.

La amplitud temática contenida en versos breves que condensan el hondo sentido de los poemas de Carmen Luz, una poetisa (perdón por el término) no estudiada, una gran voz lírica que llena un vacío en la poesía actual, una voz (como diría Alberto Escobar) “Gobernada femeninamente por un tiempo interior que, con la mayor sencillez, desconcierta y reconstruye elementos menudos”.

Lima. Octubre de 2001

1 Nota de los editores. Como ya se ha hecho referencia, Existencia en poesía no reúne toda la obra poética de Carmen Luz Bejarano. Ver la biografía que se incluye al comienzo de este libro.