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Carmen Luz Bejarano

El Cuarto de los Trebejos — Prólogo

Matti Rossi

En setiembre de 1988, en la entrañable Finlandia, conocí al escritor y traductor Matti Rossi. Le entregué El Cuarto de los Trebejos. Pudo más el deseo de conocer su opinión que el temor de distraerle un tiempo valioso. Excepto aquel día, no nos volvimos a ver. Yo regresaría a Lima y él partía en viaje de descanso a su pueblito lacustre Rautalampi (Lagunita de Fierro). Antes de mi retorno a Lima, recibí el libro y una carta de Matti Rossi que quiero compartir con Uds.

Querida C. L. B.,

 gracias por invitarme a un paseo tan hermoso a través de un paisaje que existe porque Ud. lo crea. No importa si existe o existió de veras. El deber del escritor es crear para que exista lo que ve y siente. Ud. cumple con este deber fundamental. El pueblo goza de una existencia total, sin agujeros. La gente vive, vive el paisaje. Leyendo, estoy envuelto en una neblina fresca de cerro, mar, aromas, sol y polvo.

 Esto no es una novela. Es un ambiente. Un cuadro con dimensiones. Una tela viva, profunda e inquieta. Leyendo, estoy en ella, como el maestro chino, señor Ma, que entró en uno de sus cuadros y se fue.

 Al señor Ma nunca le volvieron a ver. Yo sí regresé, pero con recuerdos que nunca olvidaré, saboreando un lenguaje que tiene un aroma extraño, fino e indefinible. Tukuy Atiq nos salve de lenguajes computadoramente definibles. (Me encantan las computadoras, son mucho más útiles que yo, pero me niego a ser computadora ni cosa computada. Prefiero enigmas y la solución del señor Ma)…

La carta de Matti Rossi fue el impulso que me decidió a publicar El Cuarto de los Trebejos. 1

[Carmen Luz Bejarano, 1989]

1 Texto extraído de El Cuarto de los Trebejos, Lima: Seglusa Editores, 1989.