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Copyright © 2006 Alfonso Padilla y Maritza Núñez

Carmen Luz Bejarano

Café literario - Carmen Luz Bejarano

Maritza Núñez

 

Padre, madre

Mi padre, mientras daba de comer a los chanchos, me acuerdo, me hablaba de Circe y cómo Circe encantó a los viajeros. Mi contacto con las imágenes bíblicas es bastante temprano, quizás porque mi padre había estudiado en el convento. Mi madre tenía la capacidad de expresarse en refranes pero también en frases muy hermosas. Me hablaba de Narciso cuando yo me miraba mucho al espejo, porque me encantaba mirarme. O me hablaba de la muerte, de un viejo que está desesperado y que quiere morir. De pronto la muerte viene a buscarlo y el viejo hace resistencia, quería vivir, quería un plazo mayor. Yo no sé si ahí se inicia mi neurótica apreciación de la muerte, de la vida. Quizás es mi primer diálogo con la muerte, aunque no, el primero fue con mis hermanos muertos, Clelia, Medardo. Ellos murieron, uno de diez meses, otro de once meses. Entonces mi contacto con la literatura también es una literatura hablada. Son esos cuentos, son esas leyendas contadas por los padres, rememoradas en la mesa familiar. El contacto temprano con este lenguaje metafórico determina una preferencia también por determinados recursos literarios. No es la lectura la que me deslumbra por primera vez sino los primeros años de mi vida en el pueblo. En Yauca. Estos primeros diez años que después se van a convertir en un contacto muy corto. Unas vacaciones de tres, cinco días, para regresar a Tanaka, a Yauca; regresar al pueblo, a la casa, al hogar. Creo que el deslumbramiento es dado por mis padres que siempre hablaron de estos personajes cuando querían que yo pudiera representarme algo.

 

Lecturas y relecturas

Bebí de la poesía francesa, del simbolismo. Rilke, más adelante. Rimbaud desigual , pero tiene poemas hermosísimos. Siempre puedo volver a ellos, sigo conmoviéndome con sus lecturas. Nosotros bebimos ahí, en la literatura francesa. En la literatura española también, cómo no, Don Juan Ramón Jiménez, después García Lorca, bueno, , la generación del 27, incluyendo Hernández, Alberti. La poesía española y la poesía, la literatura francesa son las dos fuentes de la que se alimentan los literatos de la generación del 50 y todavía la de los 60.

Cuando yo quiero que se produzca en mí lo que que llamo un sismo interior, recurro a algunos escritores como Sabato, como Cortázar, y los releo. Y el sismo se produce. Sus libros me producen una emoción más creciente cada vez. Me gusta Ribeyro, ¡lo encuentro en el cuento de una perfección! Regreso a Zola, Flaubert, regreso a un Dostoievski, Chéjov. Todos te alimentan el espíritu, te van cargando, lo que yo llamo cargar la máquina. En mí se dan etapas intensas de lecturas, de lecturas y relecturas. Incluso ya ahora estoy en la etapa de las relecturas más que de las lecturas.

 

Preferencias  

Mis preferencias, sé responden a cada día a cada momento, finalmente, al instante en que encuentro un libro, abro la primera página y ya no me aparto de él. Ese furor con que leo, ese apasionamiento con que recibo ese libro, aunque después no lo recuerde en absoluto. No tengo la memoria privilegiada de quien puede repetir poemas enteros. Yo a veces recuerdo algunos versos de lo que he leído, de los autores que amo. Pero sí soy consciente de lo que cada lectura me está dando y de qué manera está enriqueciendo mi mundo interior y la posibilidad de expresarme.

Todos los libros, todo el bagaje cultural heredado significa para el escritor.Nada, nada se te escapa. Sigo, sigo amando a Borges, en algunas cosas más que en otras. Quizás a ratos hay preferencias por un libro, preferencias por un poema, pero también eso puede depender de estados de ánimo y de otras circunstancias. Aunque El hombre de la esquina rosada de Borges siga siendo “El hombre de la esquina rosada”, imposible de olvidar. Un hermoso cuento.

Todos los autores son los preferidos, todas las lecturas han tenido su momento, su espacio, su importancia en la vida de un autor. Yo no puedo decirte qué. de todos he recibido, del buen y el mal libro, finalmente.De repente hoy día Alfonsina Storni me dice algo y mañana no encuentro nada que me relacione con ella, o sigo admirándola, sigo encontrando y ratificando cada día su valor.

 

La anécdota

Me gusta su poesía. Las feministas latinoamericanas deberían considerarla como una precursora, una defensora de la libertad, exaltando al amor sin prejuicio alguno. Tan libre que incluso se suicida.

Perenniza
la tarde
una sandalia
huérfana
bogando
sobre el mar.

Este poema de Abril y Lejanía yo diría que es mi homenaje a Alfonsina Storni. No se trata de que escribí el poema con nombre propio para Alfonsina Storni. El poema va más allá que eso incluso. Es el acto último, cuando Alfonsina va ingresando hacia el mar, en el suicidio, y qué es lo que va a quedar de ella, la sandalia. Creo que si no lo digo yo, nadie encontraría que eso es la motivación del poema. Quizás se complete el homenaje ahora, cuando hablo de eso.

Si queremos que la poesía sea sugerente, las anécdotas las vamos a guardar. Yo ya no tengo porque guardar anécdotas. El poema se realizó y se logró bien. La anécdota no es el sostén del poema, entonces ya puede circular como anécdota, no me molesta.

Pero una anécdota es una cosa de la que uno no habla.

 

El cine

El cine también ha sido una importante fuente de alimento para mí. He bebido en el cine como podía beber en un buen libro. Bergman, Fellini, o películas que, lamentablemente, ya los jóvenes no van a ver. En este momento recuerdo, El abrigo, por ejemplo, un cuento de Gógol. Toda imagen imprime en mí una imagen. Yo creo que yo veo discurrir el mundo, las cosas, en una sucesión de imágenes internas. Me represento las situaciones mentalmente.

 

Maestros

Porras Barrenechea fue maestro para muchos. Yo lo recuerdo pero en una sola clase, la única clase que dictó ese semestre. Después pasó otro profesor a reemplazarlo. ¿Por qué razón?, no recuerdo bien. Para mí fue una simpática conferencia, pero nada más. Porras no fue el maestro para mí.

Yo trabajé con Sánchez. Fue un estímulo para abrirme un mundo de lecturas no sólo de la especialidad. A Luis Alberto Sánchez lo recuerdo con afecto pero no mantuve esa relación. Sánchez fue alguien que todo el tiempo me estaba dando temas para tesis.

Una vez me dio la dirección de un crítico cubano, un estudioso de la literatura. Le escribí una carta pidiéndole material y apoyo para hacer un trabajo sobre Cecilia Valverde. Pero siempre mi aventura de la tesis terminaba en eso. Iba conociendo un autor más y guardando un tema de tesis frustado. Pero tuve buenas experiencias, lindos recuerdos en ese plan de búsquedas.

Fernando Tola, fue mi profesor de literatura griega y latín. Él era muy nervioso, se mantenía no sé cómo en el escritorio haciendo piruetas. Era simpatiquísimo. Tú ibas a su Departamento, tocabas la puerta, si Tola te abría y te decía “Cómo está, pase adelante”, estaba de buen humor. Ese día le pedías libros y te ibas a tu casa con un montón de libros a leer y después regresabas y se los devolvías.

 

Tesis y utopías

En determinada época yo andaba de cabeza con mi admiración a Alberto Ureta. Yo estaba trabajando en el Repertorio Bibliográfico de Literatura Latinoamericana. Conocí a Ureta primero en un recital y luego leyendo su poesía. Él tiene un libro que se llama Las tiendas del desierto, uno de sus libros que más me gustaba.

Yo llegué a preguntarle a Tola por Las mil y una noches. Él me dijo que lo compraría para el Instituto del cual era director. Y compró Las mil y una noches. Yo estuve leyéndolo porque Alberto Ureta en Las tiendas del desierto, utiliza elementos, símbolos de Las mil y una noches, fascinado quizás por su lectura. Hay un poema que habla del árbol que canta, el pájaro que habla y el árbol que canta, no recuerdo bien cuál es, pero que coincide con el cuento de Las mil y una noches. Yo pensaba que de ahí saldría mi tesis. Pensaba hacer mi tesis sobre Alberto Ureta, lo visitaba. Después las visitas se convirtieron en una señora que le llevaba rosas a Alberto Ureta y en una señora a quien esperaba Alberto Ureta y al que le gustaba jugar con la niña de esta señora. Entonces la cosa dejó de ser. Se murió Ureta y nunca se llevó a cabo la tesis, pero fue una experiencia muy linda. Para mí muy linda. Era cercano para mí.

 

Abril y lejanía

Es mi primer poemario que voy a trabajar intensamente, hasta lograr la estructura de Abril y lejanía, de cada poema de Abril y lejanía. Abril y Lejanía estaba compuesto por muchos poemas más pero poemas que en la selección para el libro no resultaron una expresión feliz. Algunos los conservo, creo que debo apresurarme a romperlos; son los poemas que no fueron.

Carlos leyó mis cosas y consideró que no debía tener guardados estos poemas. Él me recomendó que se los mostrara a Alberto Escobar y que le preguntara a él que le parecía. No sé hasta cuándo los habría guardado, de no ser eso. Me pareció interesante porque había hecho leer a otra persona estos poemas y resulta que todo lo que recibí fue “son buenos, son hermosos” Y en ese momento tenía yo apetencia de mucho, mucho más. No que me dijeran que era hermoso lo que escribía, sino qué aparecía en ellos, si aparecían rasgos de poesía o si sencillamente eran textos fallidos. Eso me alegraba mucho más porque entonces podía ver y valorar el sentido de las cosas que yo estaba escribiendo. Quería escuchar algo más, y ese algo más me lo dio Escobar. Recuerdo mucho, le divirtió, esto de “un encuentro de pájaros; / dinamita el silencio”., y soltó una carcajada. Le parecía que era una figura muy buena.

Creo que una cosa buena que recibí de Escobar es el tener alguien que me diera su tiempo y que opinara sobre esto, esto tan importante para mí, pero sobre lo cual me sentía tan insegura. No sabía siquiera si mis poemas eran tales. Yo recuerdo haber dicho muy chiquilla. Bueno, si yo supiera que voy a ser buena escritora, que voy a escribir como Gabriela Mistral dejaría el colegio. Felizmente nunca me enteré que era buena, entonces. Mejor que ocurriera cuando yo dejé de ser analfabeta. – Preferiría no encontrarme jamás con un texto tan antiguo como del colegio, como esos textos familiares que a veces uno reparte por cariño con alguna dedicatoria y que no tienen mucho que ver con la poesía.

 

El Poeta Joven  

Fue Escobar quien me recomendó que me presentara al concurso.Yo no sabía que existía un concurso, en ese momento se estaba preparando.

Marco Antonio Corcuera, poeta y director de la Casa de la Cultura, director también de un revista, Cuardernos Trimestrales de Poesía, convocó al concurso El Poeta Joven del Perú. A ese concurso envío Abril y lejanía, no con ese título, sino con el título de Poema, Poemas, me parece o Poesía. Tan joven no era yo. estamos hablando de 1960. Bueno, todavía no tenía 30 años y creo que a los poetas se les llama todavía a los 30 años “poeta joven”. Nadie me conocía como a poeta o poeta oculta. Nadie sabía que yo escribía, nadie me refiero a los poetas de entonces, con los que teníamos cierta amistad. Era una lectura unilateral, es decir, yo conocía que ellos eran poetas, que escribían, había ido a recitales de ellos, pero ellos no sabían nada de mí. Este poemario era una sorpresa.

Algún escritor de los mayores como Paco Bendezú había opinado, no estoy muy segura ya, que el libro tenía que ser de algún poeta que se estaba presentando con un seudónimo femenino. No sé si Paco Bendezú. No, creo que a él era al que le atribuian haber presentado el poemario, me enteré de esto mucho después.

Las cosas ya se desenvolvieron... Y un día me avisaron que la Primera Mención Honrosa– fue lo que se dijo entonces a mí– la había obtenido yo. Claro que en el diploma ya no existe aquello de Primera Mención Honrosa.

De ahí ya la suerte del libro. Porque creo que fue un libro con suerte. La Facultad de Letras me da incluso para publicar el libro con Sologuren.

Aunque años después, en el aula universitaria yo he escuchado a Cornejo – me habían invitado a mí – hablar sobre la discriminación que existía en el Perú, para la mujer en la poesía, en la creación. Y decía que a Carmen Luz Bejarano le publicó Sologuren Abril y Lejanía, pero no se lo publicó la Rama Florida u otra seditoriales que sí acogían a los poeta jóvenes, pero poetas hombres. No me acostumbraré a este cotejo, a esta división.

Yo no era importante, acababa de aparecer en la poesía.

 

Nacimiento

Parece que ya desde que amanezco a la poesía en el Perú, amanezco con un parto difícil, con una ubicación difícil. Si bien el criterio de Escobar con respecto al libro, a mí me dejaba satisfecha. Y por otro lado, era un buen acicate para el trabajo, para sentir, totalmente ya, que la creación artística es esfuerzo, es trabajo.

 

Poeta y oficio

La poesía no es producto de la inspiración, producto de la ignorancia del poeta. Es cierto que, a veces, el poeta quiere decir paloma y resulta caballo o jirafa, qué sé yo. Pero también es cierto que el poeta que trabaja ya un verso está tratando de comunicar una experiencia si quieres emocional, intelectual, etc. O puede ser simplemente emocional, pero el lenguaje emocional no basta para ser poesía. Si el dolor que hiere la sensibilidad se grita desaforadamente en poesía o si dolemos en poesía sin guardar la línea que separa lo digno de lo grotesco, bueno, no se está haciendo poesía. La poesía es trabajo, así lo asumí desde el comienzo. Como un trabajo que requiere de toda nuestra exigencia. Que requiere de nuestras fuerzas, pero más que nada de la exigencia y de algo de generosidad. Generosidad discutible la de aprender a desprenderse de los poemas no logrados y usar la papelera que es la amiga del poeta. Ahora, este criterio de la poesía como trabajo de alfarero de la creación artística, como trabajo de alfarero delicado, esforzado en el que entran a tallar todas tus experiencias, todas tus vivencias, todo, todo aquello que has vivido o no vivido, te obliga también a ser más cuidadoso con aquello que desechas. Hace unos años yo era más categórica, decía con mucha frecuencia que la papelera es la mejor amiga del poeta. Pero no es así. Creo que hay poemas que siguen guardándose durante 10, 15, 20 años porque no lograron encontrar su fisonomía perfecta. No llegaron a cuajar. Puede ser que haya un momento en tu vida que logres hacerlo surgir hermoso, como no pudo salir antes. Ése es el momento del nacimiento también del poema. No todo este tiempo de 20 años que sirvieron para tallarlo, para esculpirlo y dejarlo casi perfecto o perfecto, Pero desde tu perspectiva. No de la de los demás. No estamos hablando de eso. El poema que a mí me parece ya publicable, es el poema que 20 personas ó 20 poetas más van a leer y encuentran que ellos lo habrían hecho diferente, pero para mí, cuando lo leo siento que no tengo que corregir nada. Que ninguna palabra es inexacta y si son inexactas o si son insuficientes es sólo por la pobreza que, finalmente, tiene el lenguaje para manejarlo en la creación artística. Como cualquier medio material, el de la pintura, el del color, el óleo o la acuarela. Pero tú eres el que diriges, tú el que está tratando de dar forma a esto y hasta el final.

Hay que ser cuidadoso, hay que ser cauto. Hay que guardar esos poemas que no se lograron. Ese trabajo que tú tienes, que no se logró en la creación literaria, guardarlo porque quizá tiene un momento de aparición que tú todavía no estás preparado para ver.

Ya no soy tan categórica con lanzar el poema no logrado, el poema, el aborto a la papelera, lo guardo como material de trabajo para otras cosas. Para nuevas ideas, para nuevos libros. Si un poema no te ofrece nada bueno, en ese caso sí no habrá nada que hacer. Su lugar es ése, la papelera.

 

Antologías

He visto que se elige para antologías el primer poema “Soy espejo / donde quedó / tu sombra”. Sin embargo, a mí me da pena que por ese poema no se lea o yo misma no elija otros como por ejemplo “Viajero”. Incluso más audaz, éste “Amanece. Un encuentro de pájaros/ dinamita el silencio;”.

Pero bueno hasta yo me he acostumbrado a pensar que en una selección de Abril y Lejanía no puede faltar el primer poema.

El problema es que cada uno de los poemas dice tantas cosas a quien lo escribió. Remueve tantas cosas en uno a nivel intelectual, a nivel emocional, que ya uno no tiene la objetividad para decir, éste es el poema que elijo, éste es el que más me gusta o este es el que prefiero que no falte en una antología. Porque en el mismo momento en que lo dices, estás ya penando por algún poema que te gustaría ver publicado en alguna antología.

 

Juan Angurria  

Juan Sante vivió. Es un personaje del pueblo en que viví. Tan real es Juan Sante hijo como fue Juan Sante padre. Era una familia. El padre era panadero. Alguien me decía una vez en el pueblo. “ Sí, pero es la exlatación del borracho. Tú hablas de Juan Sante pero Juan Sante no era un modelo que poner”. En Aracanto estoy hablando de Juan Sante chico, del hijo. Pero en el caso de la familia Sante, el padre no era precisamente un modelo a seguir. Pero es una figura trágica. Es la figura que puedo tomar para ponerla delante de nosotros, con la mano extendida y decir, miren señores lo que estamos haciendo con nosotros mismos. O me gustaría que el hambre no existiera, que la miseria no existiera. Ahora qué me aproxima a mí a Juan Sante. Primero me aproxima la situación de miseria de los Sante. Pero un miserable más entre otros más o menos tampoco es suficiente. Además mira él se llama Juan. Y cuando nosotros queremos representar al pobre por un nombre le llamamos Juan. En este caso ni siquiera tenía que alterar aquí los nombres. Juan era desposeído. Pero no es sólo eso. Tenía un hijo, un chiquillo a quien conocía primero por referencias de mis padres. Mi padre me decía que había visto en la panadería de los Sante una exposición hecha por el chiquillo este que no tenía 16 años. Que no había ido al colegio, como no habían ido sus hermanos, que eran muchos además. Una familia numerosa. Fui con mi padre a la panadería. Y vi lo que hacía. Él no había estudiado ni dibujo ni colegio ni nada. Pero dibujaba. Tenía esta natural inclinación o disposición para el arte. Mi padre me dijo que tal vez se le podía ayudar. Como ahora, no sabía que podía ayudar a alguien. Y me llevé los datos para ver si le averiguaba algo con respecto a la Escuela de Bellas Artes. No sabía yo misma, qué hacer frente a esta necesidad de salvar a alguien. Salvar a un artista. Y pasó muy poco tiempo, yo no había llegado a averiguar nada y el chico murió. Los padres murieron tuberculosos. Algunos de los hijos murieron tuberculosos. Creo que ellos son para mí la representación, el símbolo del desposeído. Como para Los novios puede ser Chagall o La novia del viento de Kokoshka. O Job, o cualquiera otra de las imágenes que utilizo. Cuando vives en un pueblo como en el que viví ocurre que cada persona simboliza algo o alguien.

Para mí, esta familia dejó una huella muy fuerte. Pero no fue sólo ese hecho. Nunca lograban salir. Es eso esa lucha cotidiana por salir de la miseria, y desgastar los esfuerzos inúltimente y hundirse más y no poder salir adelante. Y el padre hundido en el vicio del alcohol. Todo esto fue una cosa demasiado fuerte para mí. Creo que me marcó de por vida. Marcó mi poesía. Y estábamos cerca, para la familia nuestra no era fácil salir adelante. No sé si alguna vez salieron adelante.

En todos los instantes de mi vida habrá algún homenaje a los Sante. Están en casi toda mi poesía y casi toda mi obra literaria. Aparecen en mi novela, aparecen junto a los recuerdos que tengo yo del pueblo. Bueno, para mí son entrañables.

 

Del amor y otros asuntos

Muchos poemas se quedan en el camino. Entre un libro y otro hay una serie de poemas escritos, de los cuales se salvará uno, dos. Entonces, encuentras, como acá, en Del amor y otros asuntos, el amor tiene unidad, pero otros asuntos, es eso, está recogiendo poemas que yo considero poemas o poesía. De todas maneras, estos poemas discontinuos en el tiempo tienen una unidad temática o de tratamiento del tema. Por eso Triunfo de Ícaro está junto a Imagen Sideral y a La Vida en Del amor y otros asuntos., donde será difícil restituirles la fecha de trabajo.

Triunfo de Ícaro , aparece por un tono que unifica.

Si lo lees vas a encontrar que tiene ya algunos elementos de Furia de la Arcilla, por ejemplo, en este verso: “Jesús, hijo de Adán, adandesposeído”, y que tiene también conexiones con Triunfo de Ícaro.

 

Títulos

La vida , un poema publicado en una revista Peruanidad, al que le pusieran como título, La vida, y que no lleva título.

Creo que antes existía la idea de que todos los poemas debían llevar título. El joven que publicaba esto era el editor y le puso La Vida, que es el último verso, como título, con lo cual se reiteraba y le quitaba validez al último verso.

Muy rara vez he puesto títulos a un poema. Algunas veces sí para puntualizar algo, para situar al lector dentro de un momento especial. Por ejemplo, Siglo XX. Si considero que es necesario el título voy a buscarlo y le pongo el título. Yo creo que el título debe llevarlo el conjunto de poemas. Pero cada poema no.

 

Días débiles  

En Del amor y otros asuntos a indicación de Esteban Quiroz fueron modificados algunos versos. Esos días, digo yo, en que uno amanece menos inteligente que su editor y le aceptas algo sin discusión, pero después te das cuenta que has traicionado tu propia poesía.

Por principio, tampoco corrijo los poemas anteriores. Corresponden a un determinado momento, a una época, corresponden a estados incluso especiales. Además, que yo considero que el momento de finalizar un poema es aquél en que tú ya no tienes nada que corregir. Otro poeta quizás encontraría salidas distintas, pero para ti ya es un poema redondo que puedes publicar.

La versión de Triunfo de Ícaro que yo reconozco como única es la de 1967; la publica Haraui, que dirige Francisco Carrillo, una revista importante que tiene más de treinta años de publicación continua. Si hay que reproducir los poemas deberá ser en la versión de Haraui.

En Del amor y otros asuntos, sí.

 

“y otros asuntos”  

Una valoración del hombre y su medio, una inclusión de imágenes que se corresponden con el momento que se está viviendo. El viaje a la luna, algunas lecturas también conexas con esto.

Soy apasionada de la literatura de ciencia ficción pero siempre consideré que eso que llamábamos ciencia ficción era más ciencia que ficción. Si uno lee a Wells va a sorprenderse de que muchas cosas que después van a ser una realidad o van a hacerse realidad. Como ocurre con Clarke, con Kubrick, en 2001 Odisea del espacio. Eso es curioso. Hay muchas cosas que todavía no se estaban trabajando y si se estaban trabajando en otros países en la ciencia, era a nivel secreto. Era la ciencia ficción la que nos traía una aproximación a esos mundos, a esa posibilidad de habitantes en el espacio, a esa posibilidad de viajes, a esa posibilidad de supervivencia futura, los cadáveres ya guardados en cajas especiales, y que después– ya no sé si la vida copia la literatura–van a alcanzar su desarrollo, su invención, su trabajo, etcétera. Van a hacerse realidad gracias a los científicos, pero que la ficción nos fue anunciando.

Este es un momento en que yo entro de lleno, no como una decisión, sino como una atracción, como una apasionamiento de un género que siempre me gustó como me gusta el policial, pero en el cual voy encontrando incluso una temática. Creo que como fruto de eso escribo Triunfo de Ícaro, escribo La vida, escribo Imagen sideral.

 

Gestación

Más adelante en Testimonio, que tengo inédito con un título provisorio, se recoge no sólo la soledad del hombre sino el manejo, la manipulación que ha hecho el hombre de todo aquello que le fue dado por la naturaleza. Ahora estamos en un afán de destruirnos nosotros mismos. La historia no cuenta para las guerras, ninguna experiencia es buena, se sigue matando, se sigue torturando, se sigue usando métodos cada vez más refinados para acabar con la vida en el planeta y para acabar con el planeta. Testimonio recoge eso pero ya de otra manera, con otra actitud. Ya no es el poema, ya necesité algo más, desarrollar en una prosa que no deja de tener sus rasgos poéticos- la aventura humana, la aventura del planeta.

 

Narratividad poética

“Necesité algo más”. Se da también en otro momento de mi poesía. Juan Angurria, por ejemplo se va haciendo más prosaico, más exactamente, va haciéndose más narrativo. El lenguaje secreto, cifrado, de los primeros poemas se abre para dar lugar al conocimiento y al desarrollo de una anécdota en el caso de Juan Sante.

 

Nuevas formas

Experimento la limitación D e la forma. Incluso de la fórmula visual. Ya no puedo dividir el texto en líneas breves y otras más amplias. Lo que necesito es que la pluma se mueva con mayor ligereza, ya no la estrofa, ya no el verso breve, ya no el verso extenso tampoco: la prosa. Pero ya por una cosa de naturaleza no deja de ser lírica.

Si hay algo que suelen decir los otros es que tengo una poesía lírica.

Ese lirismo que aparece aun cuando tengo que redactar la cosa más oficinesca. Entonces tengo que defenderme de ese lirismo, y lo he aceptado ya como una segunda o como mi primera naturaleza.

Esto responde también a otro momento de mi vida, de mi etapa de escritora y es una experiencia de otra naturaleza, una experiencia totalizadora. Eso me hace recurrir a una prosa que finalmente creo que no es prosa sino poesía. Bueno, no sé, ya queda para los críticos determinarlo.

 

El cuarto de los trebejos

Este es un libro que no pudo ser escrito antes. Veo que hubo tentativas de escribirlo en varias etapas de mi vida.

El Cuarto de los trebejos que no se ha librado de ese lirismo esa poesía con la que suelo escribir, expresarme. Una forma que de hecho es lírica fundamentalmente. Aun cuando sea prosa, dentro de esa prosa las líneas son breves, el punto seguido es usado permanentemente. Hay parlamentos donde podrías encontrar poesía. Lo que llamaríamos prosa poética. Pero como una cosa natural, de fluencia natural que se manifiesta, y en todo aquello que yo vaya a escribir, que voy a escribir. Es una opción.

Me acerco más, por naturaleza, al texto poético, me acerco más a la síntesis. Al lenguaje secreto de la poesía. Me siento cercana a la obra de Rulfo, a Carlos Fuentes, a Benedetti– Benedetti, me gusta más en el cuento que en la poesía– en fin, a otros escritores que logran esa prosa que no aparece descarnada, que conserva el hálito poético. Sabato en El túnel, por ejemplo.

 

El espejo invertido

El libro tiene una variedad de motivos.Cada una de sus partes es una parábola.

Hay algunas líneas desarrolladas. Una, los elementos de una ciudad donde la miseria es habitante diario. Otra línea, es la línea de la fábula, de los animales. Decimos un animal pero también puede ser muchas cosas.

Es ese mundo que nosotros no miramos, no hemos penetrado lo suficiente. Por eso digo yo el lado inverso del espejo. Claro que el lado inverso del espejo nos muestra también otros reflejos, otras realidades.

“NATURALEZA LE DIO UN ESPEJO LEGENDARIO.”

La madre, el niño en el claustro materno. “Naturaleza le dio un espejo legendario”, dice. El claustro materno es su espejo legendario, redondo, es un universo redondo. Todo eso te remite a la imagen de la mujer que espera un niño y al niño. Como él “No sabía contar lunas.”, él no tiene memoria del tiempo. Pero en determinado momento va a ser expulsado de ese mundo perfecto hasta entonces. La madre, como ocurre tantas veces, en lugares de tanta miseria como, por ejemplo, en Perú, donde es noticia casi frecuente, diría yo que una madre mata a su hijo, lo arroja al basural.

“CUANDO ARQUEABA SU CUERPO DESPEREZÁNDOSE

LA DESCUBRIÓ.”

El espejo que refleja nuestra propia imagen y así como Narciso, en este caso proyectado un animal. Vamos a la sorpresa del gato de encontrarse reflejado a sí mismo, pero el animal no se ve reflejado a sí mismo, ve el reflejo como alguien distinto a él. En cierto modo es en el juego de la persona podríamos decir son dos: el descubrimiento del yo pero también el encuentro con esa imagen nueva, distinta que nos complementa, el tú. Para el gato en este caso, fue una sorpresa ver una criatura que no sabe que es el mismo y de quien queda subyugado. Es esto engañoso del espejo, engañoso de la vida. El gato puede ser cualquier otro animal pero me gustó la idea del gato y está dada la clave, si bien hay un lenguaje más o menos secreto, pero está dada la clave al lector en eso que me decías tú hace un momento, “arañaba”, es un gatito claro, “arañaba”. O si no aquello otro “arqueaba el lomo”, quién no recuerda ese desperezamiento de un gato. Pero podría ser cualquier otro y, finalmente, Narciso o cualquier otra criatura humana enamorada de sí mismo, de su propia imagen o de esa imagen, de la imagen engañosa como le ocurre en este caso al gato.

Nuevamente Narciso, nuevamente los mitos.

 

Mitos

El recurso no es mío, está en toda la literatura, en todas las obras poéticas o narrativas, están las preferencias del escritor, aquellas frases, o aquellos símbolos, o aquellas imágenes que le produjeron estremecimiento estético. Todo eso se encuentra en lo que uno lee. Es como si el poeta nos estuviera diciendo que de esta manera es como mejor puede expresarse esto. La fugacidad, por ejemplo, no tiene otra forma de expresión que ésta: Sísifo. Por qué vamos a decir nada más si ya sabemos cuál es el mito de Sísifo. La imagen está remitiendo al lector a Sísifo. Este ser condenado a subir una roca hacia lo alto, ser regresado por la roca con el impulso y otra vez empezar el trabajo. Es el trabajo diario, cotidiano. ¿Acaso no se parece a toda la tarea del hombre desde siglos, desde que dio el primer vagido en el amanecer de los tiempos? ¿Acaso no es eso lo que estamos haciendo esforzadamente día a día? Y lo curioso, siempre con renovada esperanza. Creemos que la roca se va a detener en la cima. Que nos va a dejar en la cima a nosotros también. Queremos salvarnos del hundimiento. No puedo verlo de otra manera, ni siquiera como la del eterno retorno, pese a que, por momentos, me inclino a ello porque realmente, a veces, uno vuelve al punto de partida.

En Triunfo de Ícaro yo necesité esa imagen.

Pero quien no conozca los mitos, no tenga una referencia clara, también puede leer la poesía y entenderla. Reconozco cierta debilidad por los mitos, por las imágenes bíblicas.

 

Imágenes bíblicas

Por qué no utilizar estas imágenes tan bellas y con tal capacidad de síntesis. Si yo digo Job, el que leyó la Biblia y el que no la leyó sabe que me estoy refieriendo a la paciencia, a la sujeción, al comportamiento ¿lino? con la que Job va a recibir todo lo que venga de la mano de Dios. Pero también a la pequeña rebelión de Job. Ahora, ya el escritor puede utilizar y magnificar dentro de la imagen literaria aquello que le interesa más. Un día, una joven poeta me decía, “bueno, pero Job no es sólo la paciencia, Job se rebela en determinado momento de los males que le manda Jehová.” Claro que lo recuerdo, pero no es eso lo que me interesa a mí destacar sino más bien la paciencia de Job. Y contra esa paciencia es que me voy a revolver yo, con desasogiego, pero queriendo dar la imagen de eso a los demás.

Yo misma me lo he preguntado a veces por qué las imágenes de la Biblia. Por qué las imágenes religiosas para alguien que ya no es tan religioso o que dejó de ser religioso. No sé.

Recurro a otras imágenes también. En Del amor y otros asuntos para el último poema de la primera parte me estoy refiriendo a “Los novios” de Chagall. Esta pareja flotando tan cerca de la luna, tocándola casi. Y ahí también, quizás con un exceso de imagen pictórica, la recurrencia a Kokoshka, a La novia del viento. Quizás en algunas ocasiones estoy en este juego hermoso de transformar la realidad o de adecuarla a determinados términos que ya tienen mi adhesión total. Ni siquiera sé si este juego es hecho para un lector o simplemente es el juego serio, el más serio, el más trágico, en que estoy inmersa, la del arte que te gobierna. Las pequeñas cosas, la belleza, la búsqueda permanente que te va gobernando todos los actos. Encontrar que esto se parece a esto, que esto lo leíste alguna vez, que aquello lo viste alguna vez en la pantalla, en el ecran. Creo que en cierto modo, ya me eligieron. Todo esto, toda esta forma de creación, toda esta utilización de estas imágenes, ya fue determinada sobre mí o por mí, en algún momento del cual ya no tengo memoria. Quizás al iniciar la tarea artística. No sé si me venga de otros escritores, pero soy suficientemente lúcida como para saber que nadie puede decir que a no ser por Gabriela Mistral–por nombrar alguien que abunda en las imágenes bíblicas– yo no habría utilizado las imágenes bíblicas. Sería absurdo planteárselo siquiera.

Ahora, ya compete al crítico literario empezar a buscar todo aquello que aparece en la obra literaria, en el texto literario, desde las preferencias del autor, sus gustos, sus experiencias culturales y, a través de ello, lo que se llama el estilo de época, su propio estilo y también el estilo de la época.

 

El poeta

Yo creo que, finalmente, el poeta, escritor no ve el mundo como lo ven los demás. Hay otra realidad, la transrealidad. Cada trozo de realidad, cada porción de realidad, tiene su otro paralelo, su otra realidad, lo otro, que es lo que va a ver el poeta, el artista, el escritor, que no camina en un mundo en el cual caminan los demás. Sus percepciones son distintas. La manera de atrapar la realidad en esencia y de eternizar los momentos es distinta a la mirada con que cada ser humano se enfrenta a un paisaje que admira o a una persona o a un libro. No es que el lector que no escribe, que no es poeta no pueda compartir el hecho poético. No se trata de eso no, no es que el libro no sea importante para él, no. Se trata simplemente de que él va a captar la realidad de una manera distinta al escritor. A veces decimos que estamos hablando en imágenes, metáforas, que ha habido un trabajo muy fino, muy ajustado a esto. Pero yo a veces me he preguntado bueno, ¿García Lorca miraba la realidad como los demás? No, no. El poeta está caminando en otro mundo, en otra realidad, en otro planeta. No sé si paralelo, a veces vertical, otras oblicuo qué sé yo. Lo cierto es que camina otra realidad. Tiene otra percepción del mundo. Y creo que en eso coincidimos todos. Cuando se compara al poeta, al artista con el loco. Sí, realmente el loco está asido a otra realidad que la cotidiana.

La cosa es muy sencilla, cuando el poeta dice “casa”, cuidémonos de lo que vamos a interpretar. El poeta dice casa, dice jardín pero le está dando al vocablo una dimensión que no tiene ni alcanza y una finura que no tiene ni alcanza ni siquiera en los diccionarios de la Real Academia, y que puede hacer que cualquier vocablo se tiña de sus necesidades para expresar tal o cual realidad.

Es también la tarea del escritor violentar los diccionarios, violentar el lenguaje y hacerlo útil para una mejor expresión poética.

El mundo agrede al poeta, pero también él es un agresor de la naturaleza, un agresor, de otra manera. Un suscitador de realidades distintas.

 

Racconto  

Qué cosa hay que no esté en el libro de un autor, por más desligado que éste se halle de la realidad. Por más que tenga anécdotas que no han sido dichas. Por más que sea una poesía que simboliza, sugiere, más que explica o cuenta. Yo creo que, de todas maneras, toda tu vida, con todo, está metida en los libros en unos pocos versos, o muchos, en otros casos. Creo que finalmente, ya si algún valor tienen mis libros es el de poderme contar cada uno de los momentos intensos que viví en los diferentes refugios en los que he vivido. El de la familia, el de el quehacer literario, el del arte, en fin, todo esto.

Todo lo que uno ama o no ama. El libro incluso por leer, aparece en tu poesía. Todo, todo. Finalmente, yo creo que son los otros escritores, las experiencias cotidianas y tus propios libros de creación artística que te van modelando a través de toda la vida. No eres tú el que talla, no eres tú el alfarero, es todo este mundo del arte. Es el que te va tallando a ti y haciéndote de esta o de esta otra manera. Con todo lo que vives. Yo creo que ninguna alegría, ninguna tristeza, ningún gozo, está fuera de mi poesía. Pero no sé si eso es importante para quien la estudia.

¿Escribió porque le pasó tal cosa? No. Ninguno de mis libros puede dar ese rastro creo. No es un diario, no. Es otra cosa, otra cosa es lo que va a aparecer ahí.

 

Horizontes

Siento que estoy acosada por otras cosas en este momento. Incluso que no sé organizarme en este momento, que no sé que pasa con mis libros. Un poco que se me revuelven ahora. Y la vida un poco que se te revuelve permanentemente, por etapas.

Esos son sismos interiores que, a veces, los consigues a través del arte, buen cine, buena lectura, un escritor que acabas de descubrir, pero que también te lo dan a veces, tus propios libros.